Bajo los suelos de palacios renacentistas y entre las piedras milenarias de la ciudad de Cáceres, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad, no solo se oculta la historia escrita por reyes y conquistadores.
- B.I.C.
- Patromio Mundial UNESCO
Cáceres. Bajo el museo de Cáceres, en la penunbra, se esconde un aljibe por el que apenas ha transcurrido el tiempo y que guarda la memoria de una ciudad.
Bajo los suelos de palacios renacentistas y entre las piedras milenarias de la ciudad de Cáceres, declarada Patrimonio Mundial de la Humanidad, no solo se oculta la historia escrita por reyes y conquistadores. A veces, la verdadera crónica de un lugar se escribe desde la oscuridad y en el silencio. En el corazón del casco histórico, integrado en el actual Museo de Cáceres, se encuentra uno de esos espacios que nos obligan a escribir relatos: el aljibe de la Casa de las Veletas. No es una simple cisterna. Es una obra de ingeniería hidráulica, un posible espacio de oración reconvertido y un testigo mudo de siete siglos de vida en la ciudad, desde la etapa musulmana hasta nuestros días. Descender a él no es solo una visita museística; es un viaje a las entrañas de la Cáceres almohade.
LUGAR DE CULTO AL AGUA: EL ENIGMA ALMOHADE BAJO EL PALACIO
La Cáceres del siglo XII, la Hizn-Qazris almohade, era un enclave fortificado, objeto de disputa entre leoneses, castellanos, portugueses y musulmanes. La necesidad de agua en una ciudad sin río y sujeta a largas sequías era una cuestión de supervivencia. De aquella alcazaba islámica apenas quedan restos visibles, pero subsiste, casi milagrosamente, su monumental aljibe, descrito por el arquitecto Leopoldo Torres Balbás como “el más espectacular de cuantos se han podido localizar en la comarca”.
Hoy, el acceso a este espacio es discreto, desde el patio renacentista del Museo. Al bajar la escalera, la atmósfera cambia radicalmente. La temperatura desciende, la luz se atenúa y el rumor del agua sustituye al bullicio de la calle. Lo primero que sorprende es la escala y la belleza serena del lugar. No se enfrenta uno a un hueco oscuro, sino a una auténtica catedral subterránea. Doce columnas, muchas de ellas fustes romanos reutilizados, se alinean formando cuatro arquerías que sostienen cinco bóvedas de cañón ligeramente peraltadas.
"el más espectacular de cuantos se han podido localizar en la comarca"

Los arcos son de herradura, ligeramente túmidos, un rasgo característico del arte almohade. Sobre ellos, las bóvedas de ladrillo, antiguamente revocadas con mortero de cal. En el centro, en lugar de una columna, un pilar cuadrado llama la atención: es un ara romana, reaprovechada, que parece ejercer una “cierta jerarquía sobre el resto”, como apunta el profesor José Vidal Lucía. Este detalle revela una práctica habitual, de la que muchas veces hemos hablado: la reutilización de materiales de épocas anteriores, un sello de la arquitectura medieval.
Las dimensiones son elocuentes: unos 15 metros de largo por 10 de ancho y más de 6 de alto, con una capacidad cercana a los 700 metros cúbicos. Una banda oscura, una marca de sedimentación, recorre todo el perímetro por encima de las arquerías, indicando el nivel máximo que el agua alcanzó durante largos periodos. Esta marca es un testimonio silencioso de su uso intensivo y de una de las causas del deterioro de sus enlucidos originales.
¿CISTERNA O MEZQUITA? EL DEBATE SOBRE SU ORIGEN
La exquisitez del espacio, la perfecta simetría y la cuidada factura han llevado a los investigadores a plantearse algunas preguntas: ¿fue construido desde un principio como aljibe? Algunas pistas sugieren una historia más compleja. En un estudio detallado del sistema constructivo, Rosa Bustamante, Mª Teresa Cabezas y Víctor Gibello hallaron en uno de los arcos “una moldura de cal aplicada sobre el enlucido”. Este elemento decorativo, inusual en una mera cisterna, les hizo plantear la hipótesis de que el aljibe “tenía decoraciones” y que su “uso no era hidráulico” originalmente.
Esta idea se refuerza con la posible existencia de un mihrab (hornacina de oración) en el lienzo oriental, como señala José Vidal Lucía, lo que convertiría el espacio en una mezquita u oratorio subterráneo. Torres Balbás ya aventuró que se construiría “por los almohades al mismo tiempo que las murallas, en la segunda mitad del siglo XII”. Sin embargo, otros investigadores como Basilio Pavón Maldonado lo sitúan en los siglos X-XI, en época califal o taifa. La cuestión sigue abierta, pero la teoría más aceptada es la de una gran reforma que transformó el edificio original en aljibe, sellando juntas, recreciendo muros y cerrando las bóvedas para cumplir una función vital: garantizar el agua.
"La decoración en los arcos de la construcción primitiva permite confirmar un uso no hidráulico de la construcción"

EL AGUA COMO DERECHO: UN ALJIBE USADO POR TODOS LOS VECINOS
Tras la conquista cristiana de Cáceres por Alfonso IX de León en 1229, el aljibe no perdió su importancia. Al contrario, se integró en el nuevo orden. Cuando el rey Enrique IV concedió los solares del antiguo alcázar a Diego Gómez de Torres en el siglo XV, impuso una condición crucial. Los Reyes Católicos la ratificaron en 1477: los vecinos debían tener libre uso del agua del aljibe “para en tiempo de necesidad”.
Este derecho popular se materializó en una ventana, todavía visible, abierta en el muro noroeste en el siglo XVI. Por ella, los cacereños tomaban agua con sus cántaros. “El aljibe antes de construirse la fachada actual tuvo acceso directo a la calle, tomando los vecinos el agua por una ventana”, explicaba Miguel Ángel Ortí Belmonte. El agua almacenada en la oscuridad se convertía así en un bien común, uniendo bajo tierra a los habitantes de la ciudad, sin distinción de la casa palaciega que crecía arriba, la Casa de las Veletas.
"El aljibe antes de construirse la fachada actual tuvo acceso directo a la calle, tomando los vecinos el agua por una ventana"

LEYENDAS, MISTERIO Y ARTE CONTEMPORÁNEO
Un lugar tan singular no podía escapar a la imaginación popular. De él nace una de las leyendas más bellas de Cáceres, la de Mansaborá o la Mansa Alborada. Cuenta la historia de amor entre una princesa almohade y un capitán leonés; un amor truncado por la conquista de la ciudad por los cristianos y una traición. El padre de la princesa, el alcaide, lanzó un conjuro y un encantamiento sobre su hija, existiendo la creencia popular de que el espíritu de la joven enamorada aún habita en estas aguas calmas. El aljibe se convierte así en el reposo de un alma en pena, añadiendo una capa de poesía trágica a su ya densa historia material.
En el siglo XX, tras siglos de servicio, el aljibe encontró un nuevo destino. En 1933, la Casa de las Veletas se convirtió en la sede del Museo de Cáceres. El aljibe fue acondicionado para la visita pública con una pasarela y se transformó en la pieza más espectacular de la colección. Pero no solo como reliquia: su atmósfera única ha atraído a artistas contemporáneos. Desde 2001, creadores como Montserrat Soto, Andrés Talavero o Paloma Souto han intervenido en él, dialogando con el espacio a través de instalaciones. Diana Larrea, en 2017, creó un “Microuniverso” de puntos de luz sobre el agua, buscando “la percepción de lo sublime que nos recuerda nuestra propia insignificancia”. El aljibe demuestra así su vigencia, no como un fósil, sino como un espacio vivo que sigue inspirando.
"la percepción de lo sublime que nos recuerda nuestra propia insignificancia"

UN PATRIMONIO FRÁGIL, LEGADO DEL TIEMPO
El estado de conservación del aljibe es bueno, pero su historia ha dejado huella. Las marcas del agua, las grietas posiblemente relacionadas con el terremoto de Lisboa de 1755, y los numerosos parches y reparaciones —desde la restauración de Luis Menéndez Pidal en los años 30 para abrirlo al público hasta las obras de los años 70— hablan de una lucha constante contra el tiempo y la humedad. Estudios con georradar y análisis de morteros han permitido conocer mejor su estructura y sus fases constructivas, pero, como señalan los investigadores, aún queda por localizar con exactitud el sistema original de captación y distribución del agua.
Hoy, el aljibe es el alma del Museo de Cáceres, que en 2017 cumplió cien años de vida institucional. Recibe a decenas de miles de visitantes al año, que se asoman a su quietud para llevarse una imagen imborrable. Las monedas que algunos lanzan al agua, una “nefasta costumbre” según los conservadores, son un tributo involuntario a su poder de fascinación.
El aljibe de la Casa de las Veletas resume la historia de Cáceres: capas superpuestas de piedra, poder y necesidad. Es una obra de ingeniería almohade, un posible lugar de culto reconvertido, un servicio público medieval, el escenario de una leyenda romántica y, finalmente, un santuario contemporáneo para el arte y la contemplación. En su silencio solo roto por el goteo del agua de lluvia, se condensa la esencia de una ciudad que supo guardar, en lo más profundo, su recurso más preciado. No es un monumento que aspire a los cielos, sino uno que se arraiga en la tierra y en la roca. Su grandeza reside en esa humildad funcional, en recordarnos que las civilizaciones no solo se miden por sus palacios y templos, sino también por su capacidad para dominar lo elemental, para asegurar, gota a gota, la vida misma. En la penumbra fresca de su nave, el pasado no es algo lejano; es un rumor líquido y persistente que sigue fluyendo hacia el presente.

La ciudad de Cáceres es patrimonio vivo en cada una de sus calles y edificios; rezuma historia por cada una de sus esquinas y es un lugar digno de conocer a fondo. Ahora te toca descubrirla a tí y vivir tu propia experiencia.
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Galería fotográfica
Referencias
- Vidal Lucía Egido, J. (2020): "El agua quieta del aljibe ". Revista del Seminario de Estudios Cacereños.
- Serrano Candela, F. y Salcedo Hernández, J. C. (2020): "Aportaciones estructurales al estudio de la denominada 'ermita de San Jorge (Cáceres)".
- Bustamante Montoro, R., Cabezas González, M. T. y Gibello Bravo, V. (2009): "Sistema cobstructivo del aljibe almohade de la Casa de las Veletas". SEXTO CONGRESO NACIONAL DE HISTORIA DE LA CONSTRUCCION.
- Valades Sierra, J. M. (2017): "Bosquejo histórico del Museo de Cáceres". Boletín del Museo Arqueológico Nacional.