Bajo las aguas del pantano de Valdecañas, en la provincia de Cáceres, duerme una ciudad romana que los vecinos de Talavera la Vieja conocieron durante siglos como parte de su paisaje cotidiano. Sus columnas emergían entre las casas, sus piedras servían de abrevaderos para el ganado y sus restos, tan integrados en la vida del lugar, llevaban el nombre popular de “los mármoles”. No era para menos: el estuco que aún conservaban sus fustes acanalados relucía desde lejos, como si el tiempo no hubiera pasado.

Templo de los Mármoles de Augustobriga
Época Histórica Siglos I - II d.C.
Estado de Conservación Excelente
Valoración 5
Nivel de Protección
  • Monumento Nacional (1931)
  • B.I.C.

Cáceres. En la ribera del Tajo extremeño, los vecinos de Talavera la Vieja conocían desde hacía siglos un edificio columnado bajo el nombre de “los Mármoles”. Era el templo principal de Augustobriga y hoy, único superviviente descontextualizado del eco de su pasado.

Bajo las aguas del pantano de Valdecañas, en la provincia de Cáceres, duerme una ciudad romana que los vecinos de Talavera la Vieja conocieron durante siglos como parte de su paisaje cotidiano. Sus columnas emergían entre las casas, sus piedras servían de abrevaderos para el ganado y sus restos, tan integrados en la vida del lugar, llevaban el nombre popular de “los mármoles”. No era para menos: el estuco que aún conservaban sus fustes acanalados relucía desde lejos, como si el tiempo no hubiera pasado.

Hoy, aquella ciudad llamada Augustobriga permanece sumergida. Pero su templo principal, desmontado piedra a piedra antes de la inundación, se alza en un lugar distinto, junto a la carretera que une Bohonal de Ibor con Navalmoral de la Mata. Es un superviviente de piedra, testigo de una historia que comenzó mucho antes de que los romanos pusieran un solo cimiento.

ORÍGENES DE AUGUSTOBRIGA: DE ASENTAMIENTO PRERROMANO A MUNICIPIO

La elección del emplazamiento no fue casual. El río Tajo, en su paso por la Alta Extremadura, se abre en esta zona formando una amplia cuenca sedimentaria donde el cauce se distiende, dibuja meandros y, lo que resulta más importante, permite el vadeo. “Existen de hecho tres puntos estratégicos para el paso del río históricamente reconocidos —Alconétar, Albalat y éste de Talavera la Vieja—”, señalan los arqueólogos Antonio González Cordero y Carlos Morán Sánchez en sus estudios sobre el territorio.

Pero antes de que la ciudad romana se alzara, hubo un asentamiento anterior. Las prospecciones realizadas cuando el pantano baja su nivel han sacado a la luz estructuras de cantos rodados, cerámicas grises orientalizantes y restos óseos que delatan una ocupación previa. Allí, junto al vado, se acumularon a lo largo de los siglos vestigios del Bronce Final —como tres fíbulas de codo que anuncian el cambio de milenio— y más tarde un ajuar de joyas de raíz orientalizante que hoy permite intuir la importancia de este enclave antes de que llegaran los legionarios.

Sobre ese sustrato, en el cerro más cercano al río pero a salvo de sus crecidas, se fundó Augustobriga. Plinio la mencionó en el siglo I entre los pueblos estipendiarios, y Ptolomeo, en el II, la situó entre las ciudades vettonas. Pero fue en época flavia cuando la ciudad alcanzó su plenitud. Una inscripción hallada en 1887 junto a la muralla —hoy perdida en algún museo— la dedicaba al Senatus Populusque Augustobrigensis, prueba de que llegó a obtener el estatus de municipio.

“Sobre ese sustrato, en el cerro más cercano al río pero a salvo de sus crecidas, se fundó Augustobriga”
Grabado Vestigios de un templo antiguo en Talavera la Vieja
Versión extendida por IA del grabado "Vestigios de un templo antiguo en Talavera la Vieja", perteneciente a Voyage pittoresque et historique de l'Espagne - tomo I.

EL TEMPLO DE LOS MÁRMOLES: LA JOYA DEL FORO ROMANO

El viajero que se acercara a Augustobriga en el siglo I o II habría encontrado una ciudad ordenada, con su muralla de sillares graníticos, su foro rectangular atravesado por la calzada que unía Augusta Emerita con Toletum, y sus templos dispuestos con simetría. El más imponente era aquel que los vecinos llamarían siglos después “los mármoles”.

Se alzaba en la zona norte del foro, con su parte trasera mirando al Tajo. Era un edificio tetrástilo, con seis columnas en su frente —cuatro centrales y dos laterales— sobre un zócalo corrido de granito que se interrumpía en el centro para formar la entrada. Sus columnas, de orden corintio, tenían algo singular: carecían de volutas en los capiteles de acanto, lo que llevó al viajero ilustrado Antonio Ponz a calificarlas como “fantaseadas”, mientras que Ignacio de Hermosilla, el erudito que las describió con detalle en 1762, las llamó “bárbaras e irregulares”.

Pero lo que más impresionaba era su acabado. En las estrías de los fustes, llenándolas, había un revestimiento de estuco que imitaba mármol, probablemente policromado. De ahí su nombre popular, como anotó Hermosilla en su memoria para la Real Academia de la Historia. El efecto debía ser deslumbrante cuando el sol de la tarde incidía sobre las columnas desde la ribera opuesta.

“En los acanalados de estos fustes, llenándolos, había un revestimiento de estuco mezclado con pequeños trozos de mármol”

Sobre el arquitrabe liso se alzaba una cornisa de la que solo tres fragmentos se conservaban cuando los viajeros ilustrados lo visitaron. En el centro del frontón, un arco —con paralelismos en el Templo de Diana de Mérida— abría un vano que algunos interpretaron como arco de descarga y otros como recurso para la iluminación interior.

Vista lateral del Templo de los Mármoles reubicado
El Templo de los Mármoles, con sus característicos fustes estriados.

TALAVERA LA VIEJA: SIGLOS DE PROTECCIÓN PATRIMONIAL

La memoria de aquel edificio no se perdió con la caída de Roma. Cuando en 1489 se repobló el solar con el nombre de Talavera la Vieja, los nuevos pobladores levantaron sus casas entre las ruinas romanas. "La elección del epíteto ‘Vieja’ que se incluye en el nombre es indicativo de la conciencia que se tiene de la antigüedad de los vestigios”, explica Carlos Morán en su estudio sobre la ciudad.

En 1578, cuando en muchos lugares de España los restos antiguos se expoliaban sin control, el concejo de Talavera la Vieja dictó una ordenanza pionera para proteger sus edificios antiguos. “Ordenamos y mandamos, que por quanto en esta dicha villa había una ordenanza antigua, la qual se guardaba y al presente guarda, la qual hablaba en razon de la conservacion de los edificios antiguos que hay en la dicha villa”, reza el texto. Era una de las primeras normas de protección patrimonial conocidas en España.

“La elección del epíteto ‘Vieja’ que se incluye en el nombre es indicativo de la conciencia que se tiene de la antigüedad de los vestigios.”

Dos siglos después, Ignacio de Hermosilla recorrió sus restos, midió sus columnas, dibujó sus plantas y alzados, y entregó a la Academia una memoria detallada que se convertiría en el documento fundamental para todos los que después se acercaron a Augustobriga. Sobre ella se basarían las descripciones de Antonio Ponz, las investigaciones de Córnide y, más tarde, los grabados que Alexandre de Laborde incluyó en su Voyage pittoresque et historique en Espagne.

Laborde, a caballo entre el rigor documental y el espíritu romántico, dejó tres imágenes del templo que circularon por Europa. En una de ellas, titulada Vestigios de un templo antiguo en Talavera la Vieja, el edificio aparece en un ángulo lateral, con el fondo de un paisaje de nubes y vegetación, y una pequeña figura humana junto a las ruinas. Era la imagen que los viajeros del Grand Tour llevaban en sus cuadernos.

EL PANTANO DE VALDECAÑAS Y EL TRASLADO DEL TEMPLO ROMANO

En 1931, el templo fue declarado Monumento Nacional. Pero su supervivencia se enfrentaba a una amenaza mayor que el paso del tiempo. La construcción del pantano de Valdecañas, que iba a inundar Talavera la Vieja, condenaba a Augustobriga a desaparecer bajo las aguas.

Antes de que el agua cubriera la ciudad, Antonio García y Bellido realizó excavaciones de urgencia en 1956. Sus trabajos documentaron los tramos de muralla, las torres cuadradas que la flanqueaban, el foro, el peristilo anejo y los dos templos principales. Pero no hubo tiempo para más. La prioridad era salvar lo que pudiera ser trasladado.

El templo de “los mármoles” fue desmontado. Piedra a piedra, columna a columna, sus sillares graníticos fueron numerados y trasladados a un nuevo emplazamiento junto a la carretera, donde hoy se alza como una pieza de museo al aire libre. Las tres columnas que quedaban del segundo templo, conocido como “la Cilla”, corrieron la misma suerte. Sus basamentos, sin embargo, permanecieron bajo el agua, junto a la mayor parte de la ciudad.

En 1963, las aguas del pantano cubrieron Talavera la Vieja. La ciudad romana y la villa moderna quedaron sepultadas bajo un lago artificial. Pero cada verano, cuando el nivel desciende, los restos emergen. Las bajadas de agua han permitido documentar en las últimas décadas no solo estructuras romanas —cloacas, termas, el podio del templo de la Cilla— sino también los niveles orientalizantes que precedieron a la ciudad, con sus joyas de oro, sus marfiles y sus cerámicas a torno.

Paisaje encinar con el Templo de los Mármoles
Vista frontal del templo romano en su ubicación actual, rodeado de un paisaje impresionante.

LAS RUINAS SUMERGIDAS DE AUGUSTOBRIGA EN LA ACTUALIDAD

Hoy, el templo de los Mármoles contempla desde su nuevo emplazamiento la carretera y el pantano. Los restos de la ciudad que lo vieron nacer duermen bajo el agua, expuestos a la erosión constante de las fluctuaciones del nivel y al expolio que facilita su aislamiento. “La desprotección del agua deja el terreno libre para el expolio”, advierte Antonio González Cordero en sus trabajos.

Pero los investigadores no han cesado su trabajo. Desde el Instituto de Arqueología de Mérida, equipos dirigidos por Sebastián Celestino y coordinados por José Ángel Salgado han intervenido en los niveles prerromanos, mientras que Yolanda Picado ha trabajado en la georreferenciación de las estructuras visibles en los periodos de sequía. En 2012, la exposición Memoria del Agua reunió imágenes y documentos que pretendían “servir de base de datos para los estudios posteriores”, según sus coordinadores.

“Los restos arqueológicos están desapareciendo definitivamente debido a que las fluctuaciones de nivel del agua provocan la erosión constante y el carácter aislado del solar favorece el expolio y robo sistemático.”

El templo de los Mármoles, sin embargo, ya no está allí para ser estudiado en su contexto. Fue salvado, sí, pero a costa de arrancarlo de la trama urbana que le daba sentido. Es un fragmento descontextualizado, una pieza que habla más de nuestra voluntad de conservar que de la ciudad a la que perteneció.

Quizá por eso, cuando el pantano baja y el podio del templo de la Cilla vuelve a emerger, o cuando el colector conocido como “la Cantamora” deja ver sus bóvedas de piedra, los arqueólogos se apresuran a documentar. Saben que lo que el agua descubre, el agua volverá a cubrir, y con cada ciclo, el desgaste avanza. La ciudad sumergida es un tesoro que se desvanece entre dos elementos: la paciencia del Tajo y la urgencia de la investigación.

Recreación del templo de los mármoles de Valdecañas
Recreación por IA de como pudo ser el templo en sus orígenes. Basada en ilustración de Ángel Castaño.

Pero mientras las aguas suben y bajan, el templo de los Mármoles permanece en su colina de carretera, con sus capiteles “bárbaros e irregulares”, sus fustes estriados y su arquitrabe liso donde Hermosilla creyó ver un relieve que nadie después encontró. Es el único fragmento de Augustobriga que nunca volverá a estar bajo el agua. Un superviviente de piedra que sigue contando, con su silencio milenario, la historia de una ciudad que supo elegir bien su lugar en el mapa.

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HORARIOS Y ACCESO: TEMPLO DE LOS MÁRMOLES

📍 Ubicación:
El monumento se encuentra al aire libre, reubicado en una loma junto a la carretera EX-118 (en el tramo que une Navalmoral de la Mata con Guadalupe), en el término de Bohonal de Ibor (Cáceres).

🗺️ Ver ubicación exacta en nuestro mapa interactivo


🕒 Horario y Precio:
Acceso libre y gratuito. Al no estar dentro de un recinto vallado, el yacimiento se puede visitar ininterrumpidamente las 24 horas del día, los 365 días del año.

🚗 Nota para el viajero: Cuenta con una pequeña explanada de tierra justo al lado del monumento donde es fácil aparcar el coche para realizar la visita y tomar fotografías.

Galería fotográfica

Templo de Augustobriga reconstruido en su actual ubicación
Detalle de las columnas estriadas del templo romano de Valdecañas
El pantano de Valdecañas y las ruinas romanas
Vista del templo de los mármoles y el pantano
Panorámica de las ruinas romanas del pantano de Valdecañas
Templo de Augustobriga con sus seis columnas y arco
Restos del templo romano la Cilla también trasladados
Templo de Augustobriga reconstruido
Templo de Augustobriga reconstruido


Referencias
  • González Cordero, A. y Morán Sánchez, C.: Estudios sobre el territorio y urbanismo de Augustobriga.
  • García y Bellido, A. (1956): Excavaciones de urgencia en Talavera la Vieja.
  • De Hermosilla, I. (1762): Memoria sobre las ruinas de Talavera la Vieja para la Real Academia de la Historia.
  • De Laborde, A.: "Voyage pittoresque et historique en Espagne".